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Rem: aquella a la que amo...

Nos vamos, lo dejamos....

Parece que Rem han dicho su última palabra...Recuerdo aquel 1986 y su descubrimiento. Con veintidós años uno se sorprende de todo y vibra con casi todo. Esos periodos son de violencia íntima extrema, de extremos sentimientos....de extremos....

 Yo, como tantos otros, perseguía algo y ese “algo” no sabía que era. Eran tiempos típicos de supervivencia post adolescente, con matices infantiles y adivinamientos adultos. Eran lugares de ensueño y tolerancia; de amigos y enemigos superficiales; de situaciones que ahora nos parecen lejanas y turbulentamente inútiles.

 Bien, entre todos estos conflictos nos llegaron. “Rápido movimiento del ojo...” ¡vaya nombrecito!Además venían de Athens (Georgia) un lugar un poco mayor que Moratalla pero, eso sí con universidad. Michel Stipe era el raro rostro del grupo de chavales que hacían canciones. Recuerdo que de aquel pueblecito salió otro grupo espectacular que se llamaban Art in the Dark, masacrado por el olvido, que a mi me encantaba y me producía sueños maravillosos.

En estas estaba cuando vino una pequeña compañía de discos, IRS, y publicó los primeros trabajos de los de Athens. Rem venían con una etiqueta indie que nos envenenaba. Algunos les dimos importancia desde el primer momento y los encumbramos a los altares de la música de aquel tiempo.

 Rem siguieron sacando muchos, muchos discos pero nunca llegaron a borrar aquella enorme capa de luminosidad que, desde el primer momento, irradiaron. Con cada uno de sus números el sol brillaba con más fuerza, la luna relucía y el cielo entero se nos venía encima. El universo se desbocaba y el tiempo aterrizaba para no volver a despegar...Aún ahora, veinte años despues de tan larga travesía, cuando escucho una de sus mejores invenciones: “the one i love” (aquella a la que amo), el tiempo se retuerce y la memoria de aquellos vientos me vuelven tan frescas que no puedo parar ni de pensar ni de escribir sobre aquello. Es tanto el torbellino de ideas que podría escribir durante días sin cansarme pero, se que puedo aburrir al lector y, siendo así, desesperado, termino mi pensamiento como nunca antes hubiera esperado: dejándolo a la mitad o menos.

 

¡Larga vida al talento y a la música eterna de REM!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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